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La Voz Latinoamericana de PEP
Abril 2015

Recordando a Martin L. King Jr.

Por DIANE S. WILLIAMS


Martin Luther King se dirige a los miles de manifestantes en la capital americana el 28 de agosto en el 1963.



El doctor Martin Luther King Jr. tenía tan sólo 26 años cuando emprendió la lucha por igualdad que lo colocó al frente del movimiento por los derechos civiles. Fue asesinado mientras ayudaba a los trabajadores municipales miembros de la Federación Americana de Empleados Estatales, de Condados y Municipales de Memphis. Si hubiera vivido, el 15 de enero King habría cumplido 86 años.

Desde el momento que Rosa Parks acordó que sería quien se negaría a moverse a la parte trasera del autobús, en 1955, King y un grupo de pastores y predicadores mayores de edad se convirtieron en los arquitectos del movimiento por justicia social más grande de la nación.

La estrategia era simple: andar a pie para boicotear el transporte público en Montgomery, Alabama.

La campaña de bases populares convocaba a la participación, a la organización y a la movilización. En Montgomery participó la mayoría de las iglesias, clubes sociales de afroamericanos y grupos civiles. Hombres, mujeres, niños, ancianos y hasta los alumnos de las escuelas, hicieron el sacrificio de no tomar autobuses municipales en Montgomery.

Se comprometieron a caminar o a viajar en grupos en carros particulares, negándose así a tomar estos autobuses públicos segregados, hasta que cumplieran su objetivo. Recorrieron millas de caminos sucios y añadieron horas a sus viajes diarios hacia y desde sus empleos en la sección blanca de esa segregada ciudad, donde muchos trabajaban como personal doméstico, porteros, conductores y obreros.

El sabotaje del 5 de diciembre de 1955 continuó hasta el 20 de diciembre de 1956. Al final, el gobierno de la ciudad de Montgomery aceptó y cedió. La primera gran victoria había sido ganada. La estrategia funcionó y el movimiento creció.

Durante los siguientes 12 años y medio, King condujo la marcha de la libertad teniendo como fin último la emancipación de los afroamericanos y los pobres, a fin de acabar con la opresión y las leyes de segregación.

Los luchadores por la libertad

"Una injusticia cometida en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes", escribió el doctor Martin Luther King Jr. en su carta abierta desde una cárcel en Birmingham. Él insistía en la desobediencia civil y la protesta pacífica -libertades garantizadas en la Primera Enmienda- para inclinar la larga balanza de la justicia hacia la humanidad y la dignidad. King utilizó la acción no violenta para mover a los Estados Unidos hacia una unión más justa y perfecta. Invitó a la gente negra y blanca a "poner nuestros propios cuerpos como una forma de desplegar nuestro argumento ante la conciencia de la población local y nacional".

Las campañas de protestas pacíficas y de sentarse en las barras de los restaurantes para desegregar al sur, junto con el esfuerzo de empadronar a votantes afroamericanos privados de sus derechos, se enfrentaron a un odio visceral: Atacaron con perros y mangueras de presión a los niños y los activistas por la libertad soportaron golpizas brutales por parte de los guardias estatales. No pocos hombres y mujeres, negros y blancos, fueron martirizados, linchados por grupos racistas y terroristas como el Ku Klux Klan. Aún así, la vasta mayoría del país cerró los ojos ante la injusticia.

King presionó a los Estados Unidos a deshacerse de una horrible esquizofrenia con la que los Estados Unidos se retrataba a sí mismo ante el mundo como el bastión de la libertad, mientras que actuaba como el opresor más racista.

King valoraba las contribuciones vitales de otros dirigentes del movimiento, como Bayard Rustin y A. Phillip Randolph; Hosea Williams y John Lewis -actualmente un congresista-, Ella Baker, Dorothy Height y Fanny Lou Hammer; los actores Ruby Dee y Ossie Davis y Lena Horne y Harry Belafonte -cuyo apoyo financiero fue parte integral del éxito del movimiento-, así como de infinidad de valerosos hombres y mujeres de todas las edades y razas, cuya presencia jugó papeles cruciales en la exigencia de un cambio.

En 1963, King presento su ahora famoso discurso "Tengo un sueño" en la Marcha de Washington, donde su oratoria cautivó a más de 300 mil personas reunidas en aquel caluroso día de agosto.

La televisión le dio a King una tribuna internacional para los problemas de derechos civiles, justicia económica y igualdad racial. En reconocimiento a sus hercúleos esfuerzos para romper el sistema de apartheid de Estados Unidos, se le otorgó el Premio Nobel de la Paz en 1964.

Finalmente, el presidente Lyndon B. Johnson promulgó leyes federales que garantizaran igualdad, el derecho al voto y el acceso a mejores viviendas y empleos para los grupos minoritarios y las mujeres.

Inquebrantable ante la resistencia hostil, King respondió a una petición de la Federación Americana de Empleados Estatales, de Condados y Municipales de Memphis para que ayudara a los trabajadores de limpieza afroamericanos que estaban en huelga en la ciudad exigiendo un pago equitativo y mejores condiciones de trabajo. El 4 de abril de 1968, mientras ayudaba a estos trabajadores sindicalizados, el doctor King fue asesinado a los 39 años de edad.

"El valor del doctor King en el mundo, la verdad y la obra superaron la ignorancia -dijo el director ejecutivo de DC 37, Henry Garrido-. "Su vida está inextricablemente ligada a AFSCME, matriz de DC 37, y al movimiento laboral. En nuestra lucha continua por justicia social y económica, el legado de King pervive".

 

 

 
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