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La Voz Latinoamericana de PEP
Junio 2015

Nuestros hijos necesitan oírnos hablar acerca de organizaciones sindicales

Por LAURA REYES,
Secretaria tesorera, AFSCME



Hace poco, un amigo compartió en Facebook una fotografía de hace aproximadamente 35 años, de él como bebé en los brazos de su padre, en una línea de protesta sindical. En nuestro actual clima de ataques implacables contra los sindicatos, parecía ser algo al mismo tiempo pintoresco y atrevido. Una colega mía que trabaja en el movimiento laboral y que había sido invitada a dar un discurso en la escuela de la carrera de su hija se preguntaba si siquiera debía mencionar que ella trabajaba para un sindicato, por miedo de que se molestaran algunos padres.

Hemos avanzado un largo camino en este país pero ciertamente no siempre en la dirección correcta cuando se trata de hablar de manera abierta y con orgullo sobre el valor de las organizaciones sindicales. En tiempos en los que el nivel de sindicalización ronda un 11% y apenas más de un 6% en el sector privado, tan sólo hablar de sindicatos puede parecer como un acto radical, y sin embargo es una conversación que no podemos abandonar, especialmente cuando se trata de hablar con nuestros hijos.

Todos los días nos llegan recordatorios de cómo el rencor político y las malas políticas siembran obstáculos para la generación más joven de esta nación. Nuestros pequeños sufren en el comedor cuando los políticos hacen grandes recortes a los programas de comida escolar. Millones de quienes están siendo atendidos en apego a la Ley de Atención Médica a Precio Accesible viven bajo la amenaza que este verano, la ley sea revocada por el Supremo Tribunal Federal. Los hijos que estudian en la universidad están cargando con deudas estudiantiles de decenas de miles de dólares. Enfrentan un anémico mercado laboral cuando un título universitario que cuesta demasiado muchas veces culmina en un empleo que les paga demasiado poco para salir a flote.


Los padres conocen la aguda ansiedad cuando un hijo busca en nosotros respuestas y sentimos que no tenemos ninguna. Pero con una certeza cada vez mayor, los estadounidenses tienen la sensación de que el juego está manipulado en su contra. Y en nuestro país se está hablando cada vez más de movilidad económica y equidad y de que existe, de hecho, una respuesta para lograr que el juego sea limpio: los sindicatos.

Los sindicatos pueden reconstruir a la clase media tal como la construimos dos generaciones atrás. Nosotros logramos mejores pagos y coberturas de planes. De hecho, la negociación colectiva por un pago justo significa que un trabajador lleva a su casa un promedio de $207 adicionales a la semana. A los opositores a que los trabajadores tengan esa clase de fuerza colectiva les encanta ser condescendientes diciéndonos que ya no necesitamos organizaciones sindicales. Pero usted preguntele a sus hijos si preferirían ganar $207 y verá si no captan el concepto de lo que los sindicatos pueden lograr para todos.

Tanto si estamos en una organización sindical como si no, no podemos tener miedo de señalar el hecho de que donde hay una mayor población sindicalizada en este país los trabajadores han aumentado su seguridad económica. Rehuir esos hechos es tan autodestructivo como negar la abrumadora información científica de que el planeta se está sobrecalentando. La política ya no debe interferir con una discusión franca sobre lo que aqueja a este país económicamente y lo que le ayudará a resolverlo.

Existen señales esperanzadoras de que el valor de las organizaciones sindicales está cobrando sentido entre la generación más joven de trabajadores. La semana pasada, un nuevo sondeo demostró que, entre todas las edades, los que tienen entre 18 y 29 años expresan la opinión más favorable sobre los sindicatos y que solamente un 29% los ve desfavorablemente. Los trabajadores jóvenes son parte integral del Movimiento de Lucha por $15, el que el publico está manifestándose y organizándose, exigiendo sueldos justos de las empresas que ganan miles de millones de ganancias a expensas de los trabajadores. El mes pasado, los jóvenes escribanos de la empresa Gawker ocuparon por sí mismos las primeras planas de los periódicos con su decisión de sindicalizarse. "Todo centro de trabajo podría hacer uso de un sindicato", escribió Hamilton Nolan, de Gawker. "Un sindicato es el único mecanismo verdadero que existe para representar los intereses de los empleados en una empresa. Un sindicato es, asimismo, el único mecanismo verdadero que les permite a los empleados unirse para negociar colectivamente en lugar de como un montón de entidades separadas e impotentes".

Dentro de la AFSCME, nuestros miembros más jóvenes -llamados la Siguiente Ola- se están organizando para fortalecer a nuestro sindicato con conversaciones de persona a persona en sus centros de trabajo y en sus hogares, mediante una nueva campaña llamada AFSCME Con Fuerza. En 2014, AFSCME rebasó más de un 100% nuestras metas de sindicalización. Eso significa que la cantidad de miembros de AFSCME está creciendo día con día: hemos afiliado a casi 140 mil nuevos miembros desde el inicio de 2014, incluso en estados con la ley antisindicalista del "derecho a trabajar".

Eso quiere decir también que la gente común está actuando y teniendo conversaciones en los sitios de trabajo y en las mesas de las cocinas sobre por qué los sindicatos son la mejor forma de que los trabajadores suban sus salarios y negocien por justicia en el centro de trabajo.

Ellos merecen oír esto

Sé qué tan poderoso puede ser hablar con los jóvenes sobre los sindicatos. Tuve esa conversación exactamente apenas hace unas semanas con mi propia hija, quien esta estudiando en el primer año de escuela secundaria. Apenas empezó a trabajar por primera vez, como recepcionista de un restaurante, y me preguntó sobre los sindicatos. Como mamá organizadora sindical, fui feliz de corresponder, y hablamos sobre el pago justo y el trato en el trabajo, así como de la seguridad ocupacional. Ella se merece oír esa información.

Es el tipo de conversación que, hace décadas, no habría sido inusual. Cuando el sector de fabricación estadounidense iba en ascenso y los índices de sindicalización eran robustos, las familias tenían esas conversaciones en cantidad de hogares a medida que los hijos consideraban sus opciones después de la escuela secundaria. Ahora que nuestros hijos miran al techo con disgusto frente a lo que les espera en el mercado laboral, necesitamos informarles que hay una solución, pero sólo si se vuelven parte de ella.

 

 

 
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